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lunes, 7 de julio de 2014

José Domingo - "Palidez"

Llega la última sensación... ibérica. La música de José Domingo es como un engañoso juego de espejos. Parece que es más de lo mismo y, sin embargo, el tema no está tan claro. Y no lo está porque ves muchas cosas y no ves ninguna. Ves psicodelia, y ves rock andaluz, como si de Triana se tratara. Y ves a gente como Gabinete, sobre todo en lo canalla, y a aquellos Seguridad Social que tanto éxito tuvieron cuando se les pasó lo del punk. Y si nos ponemos más trascendentales, encontramos el rastro de Dalí, de Buñuel, de las vanguardias en su vertiente más dadaísta y surrealista, y también ves el cine español de los setenta, sobre todo en lo que al audiovisual se refiere: sucesión de desnudos femeninos entre la extrema delgadez y la curva más acentuada. 


En resumen, ves tantas cosas y no ves ninguna porque José Domingo representa un paso más allá, aquel paso que hacía mucho tiempo que el rock hispano tenía que haber dado y que se quedó encallado en La canción de Juan Perro. En su nuevo disco en solitario, de nombre Almería, el de Girona se adentra en una mítica que desprende sur por los cuatro costados. Ya su título remite al spaghetti-western, y mezclado con grandes dosis de ironía y poesía da como resultado un trabajo discográfico inusual... por lo excelente. Daba la impresión de que el modelo estaba agotado.


domingo, 20 de abril de 2014

Radio Futura - "El canto del gallo"

Una de las señas de identidad de aquellos Radio Futura de los ochenta era la originalidad, y se basaba en dos razones: la primera, la tan repetida intención de crear un rock hispano; la segunda, unos textos inusualmente literarios en el ámbito de la cultura popular, rebosantes de figuras retóricas y de gran calidad poética. Su obra cumbre, La canción de Juan Perro, tenía la peculiaridad, además, de situar la temática de algunas de sus canciones en el Realismo Mágico, en ese sello literario impulsado, entre otros, por Juan Rulfo o el recientemente fallecido Gabriel García Márquez. 


Hace unos meses ya hablamos de "Lluvia del porvenir", de Juan Rulfo. Situaba la acción en un espacio irreal, extraño, repleto de almas que divagaban por los rincones de la muerte sin posibilidad de descanso. Era Comala. En cambio, en "El canto del gallo" los hermanos Auserón apostaron por un cuadro más amable, ahora en Macondo. Inspirado por el gitano Melquiades de "Cien años de soledad", un músico ambulante llega a un pequeño pueblo en fiestas donde se ve envuelto en un pequeño altercado sin la menor importancia.


"La canción de Juan Perro" y, en general, el universo Radio Futura, gira alrededor de la obra de Gabo, y lleva a la modernidad sonora los relatos del colombiano, entre la realidad y la magia. El espacio en el que se sitúan las historias, más cercanos a la desolación que a la esperanza, se convierte en personaje más dentro de un cosmos literario de transeúntes inolvidables. Otro que se va (y ya van varios).


jueves, 14 de noviembre de 2013

"Lluvia del porvenir" - Radio Futura

Cuando Radio Futura presentó La canción de Juan Perro hacía tiempo que era un grupo consagrado. No tocarte, El tonto Simón o Semilla negra eran ya en 1987 himnos de la música pop española. Se trataba de textos muy elaborados, si bien pocos eran los que entendían el sentido de las letras. Extrañas, confusas y muy poéticas; pero extrañas.


Parecían incoherentes, menos para los lectores de García Márquez o de Juan Rulfo. Las canciones de Radio Futura, y sobre todo de aquella Radio Futura de finales de los ochenta, suponen un homenaje al Realismo Mágico latinoamericano, al de Macondo y Comala. Suma de rock y poesía, Lluvia del porvenir es un bello canto de esperanza para los que quieren empezar de nuevo. 



Novela y canción van por caminos diferentes. El que fuera líder de Radio Futura, Santiago Auserón, es más agradecido con el universo de Comala que el propio Rulfo; si echamos un vistazo a Pedro Páramo, novela en la que se  basa esta letra, vemos de inmediato que el espacio donde transcurre la acción tiene más sombras que luces. Todo lo copan las almas, los muertos, que sin verlos sabes que están ahí, marcando el paso de los días y, en especial, de las noches. Y siempre con descripciones excepcionales.

"Y aunque no había niños jugando, ni palomas, ni tejados azules, sentí que el pueblo vivía. Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces", dice Juan Preciado. 

Y añade el propio Juan Preciado para explicar su muerte (curioso que un personaje nos retransmita de forma tan poética lo que sintió en sus últimos instantes de vida):

"Salí a la calle para buscar aire; pero el calor que me perseguía no se despegaba de mí. 
Y es que no había aire; sólo la noche entorpecida y quieta, acalorada por la canícula de agosto. 
No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre. 
Digo para siempre. 
Tengo memoria de haber visto algo así como nubes espumosas haciendo remolino sobre mi cabeza y luego enjuagarme con aquella espuma y perderme en su nublazón. Fue lo último que vi".  

Mientras que Rulfo vagaba por el pesimismo, la Lluvia del porvenir de Radio Futura transitaba por la esperanza, y por ese momento en que "nuestros muertos descansarán".

Para los que sólo quieren caminar y caminar hay, en cambio, otras opciones. Enjoy the silence necesitaba un vídeo también mítico. Y así se puso a caminar entre montañas y páramos aquel rey con corona y tumbona, en busca del silencio con el sol de testigo.


jueves, 31 de octubre de 2013

"Sonnet" - The Verve

  Era la segunda canción del disco; aquella de la que sólo conoces el inicio porque la cortas, le das el mazazo, y así vuelves a escuchar la primera, la que suena en la radio, la de todos. Y cuando ya te has cansado de escuchar Bittersweet simphony hasta la saciedad, en ese momento, por fin, la dejas sonar. 



      Sonnet es la joya escondida de Urban hymns. Una canción dedicada al amor cotidiano, a esa “costumbre” a la que aludía Benedetti para referirse a su mujer. Sostenida, suave, sencilla… un poema al amor hecho rutina y, en definitiva, a la rutina hecha amor.  



Otras versiones sobre el amor de largo recorrido: la primera, de Love of lesbian. Se trata de Música de ascensores, una visión sobre el tema que, si algo emana, es precisamente sentido común para que la pareja permanezca.




La segunda, en cambio, es muy pesimista. Han caído los dos, de Radio Futura, esboza un panorama desolador "en la línea del tiempo". Bunbury era el más apropiado para hacer su propia interpretación.



En 1950 el fotógrafo Robert Doisneau reflexionaba sobre el tiempo en esta imagen. El amor se presenta continuo y constante, con todo lo que tiene de bueno y malo, y con el reloj como único testigo de la sucesión de segundos, minutos y horas. Es como si cada día fuera el mismo desde el principio.




Luis Alberto de Cuenca aporta una mirada radicalmente distinta. Los placeres cotidianos se dan cita en "El desayuno", un bello poema publicado en El hacha y la rosa en 1993. 




Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».