Todo gira alrededor de Dan
Whittford. Diseñador gráfico, productor y discjockey. De Melbourne, para
más señas. Hace justo una década comenzaba a rodar un proyecto que
bebía de diversas fuentes, con los ochenta como eje vertebrador. Parecía
algo efímero, un experimento de los miles que la industria discográfica
quema en minutos un año contable tras otro. Cut copy, sin embargo,
resistió y, lo más importante, hizo camino, y quién hace camino siempre
está más cerca de llegar a su destino.
Su
cuarto trabajo, "Free your mind", supone una revisión de toda aquella
cultura del acid house y sus antecedentes hippies, a caballo entre los
sesenta y los últimos ochenta. Los australianos parten de esa idea, pero
deciden perfeccionarla; dicho de otra forma, en cada momento revisan su
álbum de fotos y hacen balance, pero nunca renunciando al futuro. Así
pues, la suma de pop, electrónica, psicodelia e ideas frescas acaba
dando como resultado un mosaico rebosante de originalidad; para muestra,
el single que da título al disco.
Y del "Zonoscope" (2011), esta maravilla audiovisual. Creativos en acción.
Desde Chile. Y casi llegan. Porque nada más publicar su tercer álbum el proyecto tocaba a su fin, o eso decían ellos en una red social. Se lo han pensado mejor. De lo contrario, habría tocado a su fin una formación muy interesante. Desde hace unos años los que estamos al otro lado del Atlántico, en lo que se dice Europa, comenzamos a mirar de forma más habitual hacia lo que se hace en la América de habla hispana y, afortunadamente, las sorpresas son cada vez más frecuentes. Aquí están, para el mundo, Milton Mahan y Mariana Montenegro, desde San Felipe.
Su nueva propuesta, "Fuera de campo" sigue la estela de "Totoral" (2010)
y "Música, gramática, gimnasia" (2012). En resumen, melodías pop irrenunciables.
Combinadas con excelentes audiovisuales, las canciones rezuman frescura
de la buena, de la que no hace falta buscar porque va inherente al
producto. El disco arranca con Las fuerzas como carta de presentación. En el vídeo, tres jóvenes que parecían disfrutar de una acampada; lo que pasa es que la cosa se complica.
Y, puestos a recordar su segundo trabajo, todavía siguen entusiasmando Los adolescentes con aquello de:
Los dos son muy jóvenes; los dos beben del folk y los dos, para qué nos vamos a engañar, podrían haber nacido en España. Bueno, el chico sí. En realidad se llama Tomás Hernández, viene de Tenerife, y es de agradecer que busque una identidad propia fuera de experimentos televisivos que sólo persiguen grandes audiencias para potenciales anunciantes. Ella, en cambio, viene de Concepción, en Chile, y nació allá por 1988; así que huele, y mucho, a savia nueva.
Lo primero que llama la atención cuando la escuchas, y éste ya es su segundo álbum, es la voz. Contundente, fuerte, muy personal sin resultar ñoña o aniñada, relata historias personales de alguien que, no nos olvidemos, acumula tanta experiencia como puede acumularse con veintitantos años. Cuenta que abandonó Chile y se vino para Valencia porque su familia no aprobaba sus anhelos musicales. Ahora, con "Run with wolves", tendrán al menos que ir aceptando que la niña vale para esto de aporrear cuerdas y entonar melodías. De su primer trabajo, titulado "Wild fishing", ya encontramos joyas como Homeless, ukelele en mano.
Pasamos al tinerfeño. Responde al nombre artístico de Tom's Cabin y, si desconociéramos sus orígenes, apostaríamos una mano y unos cuantos dedos de la otra a que el chico viene de la América profunda.
En principio, imita muy bien a los maestros...y eso es siempre de agradecer. Parece que ya ha dado el primer paso para encontrar un sitio en el abarrotado universo folk. Suena mucho a Jeff Buckley, muchísimo, pero si la referencia es el californiano, pues no empezamos mal. Muy acústico y con influencias pop y rock, las perspectivas son buenas si, en cuestión de un par de años, va soltando el lastre en que puede convertirse el parecerse demasiado a alguien. The brave no suena mal.
Improvisación y espontaneidad...y por una vez no hablamos de jazz. Nunca una composición tan natural y sincera resultó tan rabiosa.
Inglaterra en la década de los setenta. Tenemos una clase obrera quemada que, sin embargo, desconoce la que se le avecina con el triunfo de Tatcher en 1979. El panorama al que se enfrentan los jóvenes es desolador: escasas oportunidades, paro y decadencia, además de un ambiente cultural convertido en cementerio de elefantes. La resaca del movimiento hippie y el 68 estaba resultando demasiado larga. Y ahora, simplemente, no había alternativa. Nada.
La primera actuación de Sex Pistols es recreada en 24 hours party people. Un señor llamado Tony Wilson, figura clave para entender el fenómeno Manchester en la cultura contemporánea, presenta al público asistente al mítico concierto. El título de la canción es No fun; resulta evidente, pues, ese tufillo nihilista cuya influencia llegará a grupos todavía en activo como Simply Red o New Order.
Ruptura. Independencia. Novedad. También el exceso como forma de vida. Podemos etiquetar a todos aquellos grupos como queramos, pero si hay una constante, ésa es la huella de Nietzsche. Decía el alemán: el individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si
lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún
precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo. Y así, en esta línea, su obra recopila cientos y cientos de citas tan intercambiables como manidas a la hora de estudiar los orígenes del punk.
Más ejemplos: Donde comienza el Estado, allí termina el hombre.
Otra: La originalidad estriba únicamente en dar el nombre. Cread el nombre y la cosa será creada.
Más: Recela de todos aquellos cuya tendencia al castigo es poderosa.Y así, muchos más lemas que, un siglo después, la juventud de mitad de los setenta y ya casi ochenta llevó al extremo, entre el exceso y la interpretación interesada.
A finales del XIX, cuando las formas de evasión resultaban más limitadas, Degas mostraba la tristeza urbana con Los bebedores de absenta. Se olvidaba de pintar jockeys y bailarinas, se salía de los cánones clásicos y convertía una botella de cristal vacía y unos rostros indolentes y comunes en héroes de la intrascendencia.
En esa misma época, y en España, Galdós muestra dos modos de ser pobre en un delicioso diálogo entre una criada y su señora. Estamos en Misericordia. Benina, la criada, le dice a su "jefa".
-Dios es bueno.
-Conmigo no lo parece. No se cansa de darme golpes; me apalea, no me deja respirar. Tras un día malo viene otro peor. Pasan años aguardando el remedio, y no hay ilusión que no se me convierta en desengaño. Me canso de sufrir, me canso también de esperar. Mi esperanza es traidora, y como me engaña siempre, ya no quiero esperar cosas buenas, y las espero malas para que vengan... siquiera regulares.
- Pues yo que la señora -dijo Benina dándole al fuelle- tendría confianza en Dios, y estaría contenta...Ya ve que yo lo estoy... ¿No me ve? Yo siempre creo que cuando menos lo pensamos nos vendrá el golpe de suerte, y estaremos tan ricamente, acordándonos de estos días de apuros y desquitándonos de ellos con la gran vida que nos vamos a dar.
En pleno siglo XX, en Estados Unidos, un señor llamado Charles Bukowski describe un panorama similar para los trabajadores de una fábrica. En Septuagenarian Stew: Stories and Poems hace un retrato que bien podría haber servido a los Sex Pistols.
Por fin llegó la hora del almuerzo: 30 minutos. Pero para muchos de los trabajadores la hora del almuerzo no significaba comer, significaba bajar a la cantina y cargarse de cerveza, lata tras lata, para poder enfrentarse al trabajo de la tarde. A algunos les ponía alegres, a otros les ponía tristes. A muchos les daba las dos cosas, tristeza y alegría, que ahogaban en cerveza.
Fuera de la fábrica, en el aparcamiento, había más gente, sentada en coches viejos, formando diferentes grupos. Los mexicanos en unos y los negros en otros, y a veces, a diferencia de lo que sucede en las cárceles, se mezclaban. No había muchos blancos, sólo unos pocos sureños silenciosos. Pero a Tom le caían bien todos en general.
El único problema en aquel lugar era Brock.
En Granada, no hace mucho, Los planetas también se sumaron al vacío cotidiano. En el recuerdo, todavía, aquel gol de Mendieta.
fuente: Adelaida de la Peña y LosPlanetasVEVO (youtube)