jueves, 31 de octubre de 2013

"Sonnet" - The Verve

  Era la segunda canción del disco; aquella de la que sólo conoces el inicio porque la cortas, le das el mazazo, y así vuelves a escuchar la primera, la que suena en la radio, la de todos. Y cuando ya te has cansado de escuchar Bittersweet simphony hasta la saciedad, en ese momento, por fin, la dejas sonar. 



      Sonnet es la joya escondida de Urban hymns. Una canción dedicada al amor cotidiano, a esa “costumbre” a la que aludía Benedetti para referirse a su mujer. Sostenida, suave, sencilla… un poema al amor hecho rutina y, en definitiva, a la rutina hecha amor.  



Otras versiones sobre el amor de largo recorrido: la primera, de Love of lesbian. Se trata de Música de ascensores, una visión sobre el tema que, si algo emana, es precisamente sentido común para que la pareja permanezca.




La segunda, en cambio, es muy pesimista. Han caído los dos, de Radio Futura, esboza un panorama desolador "en la línea del tiempo". Bunbury era el más apropiado para hacer su propia interpretación.



En 1950 el fotógrafo Robert Doisneau reflexionaba sobre el tiempo en esta imagen. El amor se presenta continuo y constante, con todo lo que tiene de bueno y malo, y con el reloj como único testigo de la sucesión de segundos, minutos y horas. Es como si cada día fuera el mismo desde el principio.




Luis Alberto de Cuenca aporta una mirada radicalmente distinta. Los placeres cotidianos se dan cita en "El desayuno", un bello poema publicado en El hacha y la rosa en 1993. 




Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».



viernes, 25 de octubre de 2013

"Heroes" - David Bowie

Una mina por explotar. Sabía su autor que la historia de dos amantes rondando por el Muro de Berlín tenía buena pinta. Ahora bien, ¿cuál era la dirección más apropiada? ¿dejarlo en una simple canción de amor? ¿centrarse en la crítica política? Este himno de Bowie tiene la grandeza de fusionar hasta confundir dos temas más que antagónicos: el amor y la guerra (en este caso, fría). 

Nos situamos en Berlín. Año 1977. Desde una ventana el artista David Bowie observa el encuentro de una pareja en el lugar menos apropiado de la ciudad: el Muro. La escena no puede ser más épica. Vigilados por los soldados, se supone en un día frío y gris, los amantes se adentran en un juego peligroso que, inevitablemente, acaba en disparos. 



       Y el vídeo, en versión corta y con una iluminación muy básica, otorga más épica a los seis minutos de la canción original. Reducido a tres minutos, el concepto es muy sencillo. De la oscuridad surge estática una figura delgada, quebrada, triste. Sus movimientos parecen entrecortados, tímidos, como si le diera vergüenza gesticular más de lo normal. Lejos queda su época de mimo. La mirada divaga perdida entre la cámara y el infinito. El montaje oscila entre un plano general y el primer plano lateral. Resaltan los colores de sus ojos.
 Al final, cobran más protagonismo los reflejos de la luz trasera y se atisban ciertos indicios de sonrisa en su rostro. No obstante, lo único que se ha movido ha sido la cámara.

   
        Cuatro nombres para comprender Heroes. David Bowie y Brian Eno compusieron la "trilogía berlinesa", tres díscos míticos para el cambio de década. Ambos perfilaron la idea: el primero se centró más en la letra; el segundo experimentó con el sintetizador.Robert Fripp le dio vueltas a lo de la guitarra; y Visconti, leyendas aparte (dicen que la pareja de la que se habla en la canción eran él y una amante), encajó en un muro de sonido todas las ideas anteriores.

 

          El producto final, también en alemán y francés, marcó otro punto de inflexión en la discografía del artista.





Unos versos del Veintisiete también abordan la asfixia del entorno; ahora bien, aquí la épica queda al margen.
Luis Cernuda recopiló todos sus poemas en una antología con el título Entre la realidad y el deseo. La homosexualidad era, en este caso, el Muro en cuestión. Sus versos hablaban de ausencias y de encuentros a escondidas. Eran amores clandestinos, idénticos al "we can be heroes / just for one day". El poeta se vio desbordado por una España en la que "todo nace muerto, vive muerto y muere muerto". Como solución, los exilios anglosajón y mexicano.


Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos
 como nace un deseo sobre torres de espanto, 
amenazadores barrotes, hiel descolorida, 
noche petrificada a fuerza de puños, 
ante todos, incluso el más rebelde, 
 apto solamente en la vida sin muros. 


En castellano, y volviendo a Bowie, el grupo Parálisis Permanente hizo una adaptación excepcional del clásico.Su líder, Eduardo Benavente, moría a principios de los ochenta en accidente de tráfico yendo hacia Zaragoza donde tocaban después de Alaska y Dinarama. Quedaba huérfana, así, la cantera más gótica y siniestra del pop español; había fallecido alguien lo suficientemente valiente como para llevar al castellano el Heroes de Bowie-Eno.