jueves, 19 de junio de 2014

Invisible Limits... o cómo Alemania metió a la metafísica en un sintetizador

Los cambios de década ya no son lo que eran. El nivel lo dejó muy alto la revolución punk de finales de los setenta. Aquéllo, sin lugar a dudas, dio un vuelco a la cultura contemporánea, llegando sus efectos hasta la actualidad. Ahora bien, el paso de los ochenta a los noventa no se quedó corto en sensaciones, sobre todo en la vieja Europa. Con la antigua Unión Soviética directa hacia el abismo, Alemania fue ganando protagonismo a lo largo de la década. Además de motor económico, controlaba (como lo sigue haciendo ahora) la política continental, si bien en el ámbito cultural lo anglosajón seguía siendo la referencia. En este marco encuadramos a la vanguardia germana, a grupos como Kraftwerk, Wolfsheim o Invisible Limits; y es aquí, igualmente, donde ubicamos dos himnos del synth pop, espectaculares, que cumplen el cuarto de siglo en este 2014: "Golden dreams" y "Natalie's".



Invisible limits: he aquí la cuestión. Cuatro jóvenes subidos al carro de la electrónica. Su origen lo encontramos en Dortmund, más famosa en este presente de 2014 por la concentración de empresas de tecnología de la información y, sobre todo, por el Borussia y ese curioso entrenador de gafas de pasta y sonrisa germano-mallorquina llamado Jürgen Klopp. No obstante, su referencia fue durante los ochenta el carbón, la minería y el acero.


Viajemos hacia nuestro pasado más reciente. A mediados de los ochenta la ciudad de Dortmund vivía un cambio de identidad. Su industria minera iba languideciendo al tiempo que subía el paro. De inviernos suaves y veranos frescos, y con lluvia prácticamente todo el año, la escena underground centroeuropea reescribía el descontento de la juventud empleando el tecno como arma arrojadiza contra el poder. Thomas Lüdke es la primera referencia. Encargado de coros y teclados, se erigió en alma máter de un grupo que nacía en 1985 y que unos años después abandonaba dejando todo el protagonismo a los señores Küchenmeister, Andreas en la percusión y Marion en las voces. Lo que en su inicio era un cuarteto junto al Ralf Schauf en el bajo se quedaba en un trío que, no obstante, generaba un álbum mítico: A Conscious State. Año 1989.


El disco arranca con una pesadilla rebosante de imágenes románticas: "Golden dreams". Que quede claro que el adjetivo empleado se refiere al Romanticismo entendido como el movimiento cultural que se dio en Europa a finales del XVIII y principios del XIX. Predomina la oscuridad, la soledad, el miedo a lo desconocido, incluso lo marginal... nada que ver con una visión rancia y simplista del amor. Además, el sintetizador contribuye a generar frío, porque está canción es deliciosamente fría, helada, y la voz femenina contrasta aportando calidez a lo que parece un mal sueño del que no despiertas. Tenemos la típica belleza congelada propia de muchos himnos de los ochenta.




La segunda maravilla se titula "Natalie's". Invisible Limits prosigue con mucha imaginería oscura, ahora para rendir homenaje a un difunto... bueno, mejor dicho, a una difunta. El tema es una oda, a manera de monólogo, hacia una amiga de la vocalista fallecida prematuramente. Predominan, por tanto, las visiones extrañas, la tristeza por la ausencia y, en definitiva, las preguntas sin respuestas a quién sabe quién o qué. "Natalie's" se ha convertido con el paso de los años en una rara suma de tristeza y resignación, en un bello anhelo hacia la amistad truncada por el destino. Y aquí es cuando la metafísica, como disciplina que se ocupa de aquéllo que no se puede percibir por ninguno de los cinco sentidos, se queda atrapada en las entrañas del sintetizador. Es como una flor ahogada en hilo de cobre. Todo lo que vino después, que ha sido bastante, ya se queda para los historiadores del synth pop.




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