viernes, 30 de mayo de 2014

The Bolshoi... Ensayo pregótico sobre el amor, la vida y la muerte

Viajamos a 1984, a Inglaterra, en concreto a la fresca y agradable Bath, en el sudoeste del país. La capital no queda lejos, a unos 150 kilómetros, y eso, quieras o no, es un punto a favor para aquéllos que esperan de la música algo más que darle al play. Es allí donde se gesta la idea, The Bolshoi, grupo liderado por el prolífico Trevor Tanner y por el que hay que pasar para indagar en la fase seminal de lo que ahora conocemos como rock gótico. 


A mediados de los ochenta, con la Guerra Fría tocando a su fin y Europa perdida en medio de los dos bloques, Bath se había convertido en una ciudad de más de 80.000 habitantes con buenas perspectivas de desarrollo. De pasado manufacturero, la ciudad vivía por entonces (y ahora también) del sector servicios; además, generaba una intensa vida cultural gracias a una cuidada red de teatros, museos y galerías; a su vez, las termas romanas atraían el turismo de interior, lo que hacía de la ciudad un sitio interesante para el tránsito de los que necesitan movimiento para subsistir. 


Es en este entorno donde tres jóvenes se embarcarán en un proyecto al que bautizarán con el nombre del icono cultural más importante de la gran potencia rusa, esto es, su teatro y también ballet nacional. Sinónimo de prestigio y elegancia, The Bolshoi aludía a realidades tan antónimas como la época de los zares y la respuesta revolucionaria. Es más, la rusofilia de Tanner y compañía parecía tan obvia que, por seguir con el juego, decían haber pertenecido anteriormente a un grupo de todavía menos duración al que llamaron, tal vez como premonición o sólo por casualidad, Moscow. En definitiva, refinamiento y exquisitez de andar por casa y haciendo el ruido justo.  


En apenas un par de años la formación sufrió cambios. Hablamos, al principio, de Trevor Tanner en la guitarra, Jan Kalicki a la batería y Nick Chown al bajo. Viendo que en Bath tenían poco que hacer decidieron marchar a Londres y allí se unió al grupo el teclista Paul Clark. Así queda definido el grupo, si bien es cierto que el alma mater siempre sería Tanner, activo todavía en tareas compositivas, ya muy distintas a aquellos tres discos que grabaron a mitad de los ochenta. Algún que otro especialista en la materia asegura que en su día hubo un cuarto disco compuesto y listo para la venta pero que nunca vio la luz por problemas con la discográfica. 


Las dos canciones seleccionadas para este fin de semana entran en cualquier recopilatorio sobre clásicos de los ochenta, ambas de temática personal con el desamor y el desapego como piedra angular. En 1986, dentro del disco Friends, publicaron "Away", retocada al año siguiente para gozo y alegría del colectivo dj. Aquí nos encontramos a un Tanner resentido y receloso, molesto con un antiguo amor al que le canta las cuarenta... A dicho resentimiento le añade cinismo, mucho cinismo, combinado con pedazos de nostalgia que delatan su incapacidad para pasar página. Ahora bien, no todo se queda en reproches:

"Innocence and lies don't make a perfect match
leave your door untatched
I know a word can be untrue
and yes still move you" 

Con "Sunday morning" es diferente. La religión se convierte en protagonista. Nos topamos con un Tanner al que todavía le tiembla la voz al recordar aquellos domingos matutinos de vida social en la iglesia. Declaración de principios: Tanner se despide de la religión; le agradece los servicios prestados, pero ya está. Eso de poner la otra mejilla y, lo más humillante, lo de tener que arrodillarse y dar gracias a una imagen no le cuadra demasiado. En este sentido, descarta cualquier tipo de sumisión a una idea. Que la colectividad siga tal idea no significa que sea la correcta.


En resumen, tenemos en The Bolshoi un grupo de corto recorrido y amplísima influencia. Referencia máxima de rock gótico o pregótico, resisten muy bien al paso de los años y a las comparaciones con gigantes tales como sus contemporáneos Bauhaus.  Intensidad y elegancia con mucha filosofía de andar por casa. 

jueves, 29 de mayo de 2014

AJ Dávila - "Dura como piedra"

Arnaldo José Lozada, de Puerto Rico, le propuso a Leticia Beeton, de Monterrey (México) cantarle al exceso; nadie sabe si se lo pensó mucho o poco, pero el resultado lo tenemos aquí: el nuevo trabajo de AJ Dávila, con la colaboración de Selma Oxor. En "Dura como piedra" se dan cita dos compositores del ámbito latino inmersos, paradójicamente, en trayectorias creativas un tanto atípicas, lejos de multinacionales, radiofórmulas y, en general, discotequeo de corto alcance. 


Al puertorriqueño le gusta escarbar en lo anglosajón y, por tanto, qué mejor que ponerse a combinar y a ver qué sale. Por ello, si sumamos garaje, punk y melodía nos encontramos con Terror Amor, inventario emocional del señor Lozada para pasar el tiempo de descanso que el grupo Dávila 666 se ha dado tras una década de aventuras y desventuras en la carretera. Y viene calentito: distorsión, ruido, claustrofobia, descaro, sexo, oscuridad, movimiento, periferias, ... habrá que verlo. 


lunes, 26 de mayo de 2014

Sleaford Mods - "Jolly Fucker"

Se veía venir lo de Europa. Digo, lo de ambos extremos de la cuerda... que los políticos la han tensado tanto que va reventar por izquierda y/o derecha. Aquí radica la esencia de Sleaford Mods. Ya no basta con la queja; parece que la cosa se ha puesto seria, pero seria de verdad, y ahora la mortecina clase media y su puerto de destino, este neoproletariado con currículums de vértigo, empiezan a despertar. 


Dos señores de Nottingham, recogiendo el testigo de aquellos The Fall, están dándole forma a la grandísima-mala-ostia instalada en el viejo continente hacia un sistema que sólo beneficia a los gestores del papel moneda. Y en estas que el ciudadano de a pie se está tomando los fuckyous hacia la clase política de forma mucho más contundente. 


Pues la maquinaria puesta en marcha es muy sencilla. Empecemos por la voz: tenemos un predicador hasta las narices de escuchar a predicadores. ¿Qué bebe en las fuentes del rap y el hip hop? Sí, evidentemente, pero la diferencia es que se nota distinto. Aquí hay mucha rabia para nada contenida, y lo que podría resultar un simple grupo más de canción protesta contemporánea suena a algo más que a mero pataleo. 


Y acabemos por la música: la base rítmica parte de la adición de batería y bajo, y sobran experimentos y cosas raras. Ahora bien, Sleaford Mods corren un riesgo inherente a su minimalismo: escuchados diez minutos, todo lo posterior es muy previsible. 



jueves, 1 de mayo de 2014

Pajaro Sunrise - "Minolta"

Una canción de agradecimiento al desamor; es algo así como que te doy las gracias por abandonarme. Me jodió que me dejaras, pero ahora puedo decir que me ha venido bien. ¿A quién dirige estas palabras Yuri Méndez? ¿A alguna antigua pareja? ¿A la música, relegada a un segundo plano durante unos años? Decía en su blog a finales de 2011 que se tomaba un tiempo, y parece que le ha venido bien. 


Pequeña joya recién llegada, "Minolta" es un poema a la resistencia emocional, a la templanza, y la poesía que emana de las palabras alcanza más intensidad en un videoclip de huidas hacia ninguna parte. Forma parte del nuevo trabajo del leonés, titulado Kulturkatzenjammer, que podríamos traducir como "Depresión cultural". Un coche atraviesa la ciudad por la noche, sin rumbo fijo, sólo frenado por un autobús vacío que repite su ruta con la inercia como principal empuje. En las nuevas canciones de Pajaro Sunrise brota de nuevo esa superación de la desazón que gusta tanto a las minorías. Tal vez no sean tan malos tiempos para la lírica.