sábado, 20 de junio de 2015

Benjamin Booker - "Have you seen my son"

La escena transcurre en el correccional James River de Virginia. Un joven de apenas 25 años, de nombre Benjamin Booker, se da un paseo por las instalaciones desiertas del centro. Mientras, suena una canción a caballo entre el blues, el garaje y el punk. Habla de lamentos, dudas, de anhelos escondidos. En concreto, un padre evangelista se pregunta por el alma de su pobre hijo. Todo ello con un sonido de guitarra medidamente sucio, vertiginoso, como un golpe seco de apenas tres minutos que recuerda los momentos originales del rock, me refiero a aquellos años 50, cuando la brecha generacional entre padres e hijos empezaba abrirse para ya nunca más cerrarse.

Booker nació el 14 de junio de 1989 en Virginia Beach, Virginia, EE.UU.

Lo dicho. El estilo de Benjamin Booker se nutre de los clásicos, del origen del rock como manifestación de la cultura de masas. Loco por la música y truncado el deseo por trabajar en la radio pública estadounidense, su motivación cambió de rumbo. Si no te dejan ensalzar la música de los demás, tendrás que hacerla tú directamente. Ese fue su dilema interior, y de momento parece que le han ido bien las cosas. Su primer trabajo discográfico ha recibido loas y alabanzas de la prensa especializada. Además, hasta el mismísimo Jack White se lo ha llevado de bolos por las américas.

La mezcla de garaje, punk y blues conforma su carta de presentación.

Escuchando a Booker no tiene sentido lo que afirmó tiempo ha otro grande del momento, Matthew E. White: "el rock lo ha hecho ya todo y está muerto". Con Booker no está muerto, ni mucho menos. Hay más vueltas de tuerca posibles. Y ahí está el vídeo, dirigido por Rick Alverson, genial metáfora sobre la vacuidad del mundo. Las celdas están vacías porque, en verdad, los individuos problemáticos permanecen fuera.


"You told me that the world is full of sinners
And placed a bible at my feet
I could hardly understand you
I had just learned to chew my meat
I heard that you were calling on The Lord
Asking for answers, for some relief
Heard that you were calling out my name, my name
And you cried for a whole week
Said "have you seen my son, he's lost in the world somewhere
I pray for him every day but I know he ain't seeing Your ways
Is he all right now, is he all right?
As I got older it never got any better
Said I'm trying to find some truth in this world
I know there's things that you won't understand
I heard that you were calling on The Lord
Asking for answers, for some relief
Heard that you were calling out my name, my name
And you cried for a whole week
Said "have you seen my son, he's lost in the world somewhere.
I pray for him every day but I know he ain't seeing Your ways
All right
All right
We fought all the way from Florida
Now locked into New Orleans
I said God must love every one
Even the ones that just loves the least
They say that when a mother loves a child
Oh she would do most anything
I know that I can never make it right
But it's hard to hear you say it
Said "have you seen my son, he's lost in the world somewhere.
I pray for him every day but I know he ain't seeing Your ways
Is he all right now?
Is he all right?"

jueves, 11 de junio de 2015

Si Edward Hopper levantara la cabeza...

...pues, sin lugar a dudas, le entusiasmaría. La propuesta de Circuit des Yeux o, dicho de otra forma, de Haley Fohr, rezuma la personalidad suficiente como para entusiasmar a todos aquellos que ven en la experimentación el camino ineludible hacia la catarsis. Y quién sabe si esas extrañas conexiones con lo pictórico tendrán algo que ver. No se trata únicamente de Hopper. He aquí, en la portada de In plain speech, el influjo de Magritte, y sin escuchar ni una sola nota musical. 

In plain speech es el cuarto trabajo de Circuit des Yeux.
Que los esquemas creativos están consolidados desde hace décadas, siglos tal vez, es algo claro a todas luces; y que la búsqueda de nuevas vías sólo se hace posible a través de probaturas es más que obvio. Pero la tan traída experimentación supone un arma de doble filo porque, no nos engañemos, con tal membrete se catalogan tantas "basuras musicales", diría Battiato, que cuando algo suena lo bastante distinto como para que te brillen los ojos es, cuanto menos, de agradecer.

Hopper expuso "Mañana en la ciudad" en 1944.
 Probablemente sea todo y nada, pero la huella del pintor americano va más allá de las imágenes, porque ponerle banda sonora al mejor paisajista de la tristeza urbana se supone una utopía que, seguro que sin proponérselo y desde la inconsciencia, la artista de Chicago lo ha logrado. 

"Do the dishes" recrea la soledad al más auténtico estilo hopperiano.
Será por la voz de barítono, o tal vez por ese audiovisual que parece un cuadro en movimiento de Hopper, o quizás porque la atmósfera navega entre la soledad y la elegancia más soberbia. Al otro lado de la ventana, entre la mesa de la cocina y el galope de la cinta, la figura humana consume las horas mientras el mundo, ahí fuera, sigue su ritmo. Lo que más me entusiasma: el final. Tan largo como el nudo de la historia, si es que hay nudo.



martes, 9 de junio de 2015

Cole Porter - "Begin the beguine"

Hubo un tiempo en el que la música popular no se nutría del rock... Vamos, que éste ni existía. Difícil imaginarlo echando un vistazo a la historia más reciente de la cultura occidental, pero sí: es cierto. Antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando en España el fascismo amenazaba a la República, cuando en Europa nos miraban de reojo adivinando la Guerra Civil y cuando, en definitiva, el crac del 29 seguía fresco en las vidas de los estadounidenses, eran éstos precisamente los que se evadían de las miserias con la música de Cole Porter. Ahí arranca la prehistoria del rock. En Broadway y en Hollywood, con el susodicho Porter, con George Gershwin y con la experimentación como carta de presentación de unos compositores que verían como el público, su público, cambiaba radicalmente tras el huracán Presley.

Cole Porter nacía tal día como hoy, 9 de junio, en 1891. Fallecíó en 1964.

Aquellas auténticas macrorquestas, cada una con su gurú flanqueado por decenas de músicos, se fueron desinflando durante y tras la guerra. Ya fuera por la llamada a filas, ya fuera por la huelga convocada por la Federación de Músicos, lo cierto es que las big bands que entusiasmaban a la población se fueron diezmando y dejando paso a los crooners, entre ellos Sinatra y compañía. Lo que vino después todos los sabemos; pero lo que hubo antes no lo tenemos tan claro. Para muestra, el espectáculo de Artie Shaw con uno de los títulos más representativos de Cole Porter: "Begin the beguine".


jueves, 4 de junio de 2015

La Bien Querida - "De momento abril"

Lejos queda aquella Bien Querida de guitarra azul y faralaes, que se subía a un escenario como si de un bosque se tratara y cantaba sobre trenes perdidos y golpes de estado. No hace tanto tiempo y, sin embargo, parece que hayan pasado décadas. Y sólo han sido tres trabajos. Ahora, a la cuarta, ni rastro de aquella ingenua juglaresa que con los recursos justos captaba la atención del respetable. La televisión mató a la estrella de radio, pero en este caso sintetizador dios mediante. 

Ana Fernández Villaverde cuenta ya con cuatro trabajos discográficos.

Del Romancero (2009) a la Premeditación, nocturnidad y alevosía (2015) discurre la voz, como siempre cautivadora, dulce hasta la rigidez, y un espíritu de cambio que se agradece porque, de lo contrario, el modelo se hubiera agotado al segundo suspiro. Lo que pudiera resultar un lamento por esa artista que fue y ya no volverá a ser no es un lamento, sino un elogio por su capacidad de reinvención en esta nueva fase de su proyecto.

La guitarra azulada, una de sus señas de identidad más significativas.
Porque el proyecto persevera en la misma voz cautivadora de siempre, en unas letras desde el yo y hasta el yo y, al fin y al cabo, en el ánimo por evolucionar respetando la esencia, aunque eso suponga olvidar algunos de los primeros caminos por los que transcurrieron los ya viejos pasos.